CONEAU

¿Conocen el juego del “Gran Cacique?”
-    El Gran Cacique dice.
-    ¿Qué dice el Gran Cacique?
-    Que salten todos en una pata con una mano en la cabeza y la otra sosteniendo el pie en el aire mientras sacan la lengua y cantan La Bamba.
Y todos los chicos saltan en una pata con una mano en la cabeza y la otra sosteniendo el pie en el aire mientras sacan la lengua y cantan La Bamba. Quien no puede cumplir la orden… pierde.
Ahora bien, resulta asombrosos cómo esta diversión infantil ha cobrado trascendencia en el marco de los diálogos y negociaciones internacionales, siendo ya no un juego de niños, sino un juego de poder.
-    El Gran Cacique dice.
-    ¿Qué dice el Gran Cacique?
-    Que hagan algunas reformitas en materia de política educativa: reforma de planes de estudio, diversificación de recursos financieros, incluyendo costo compartido por los estudiantes; restricción del ingreso y la permanencia de los estudiantes por medio de una reglamentación adecuada… ¡ah! Y para asegurarse que van por el camino que el Gran Cacique indica, sería recomendable la creación de organismos de acreditación de los títulos universitarios, por medio de una “evaluación institucional”. ¡El Gran Cacique los financia!
Y el Congreso sanciona la Ley Nacional de Educación Superior.
La Ley de Educación Superior, n° 24.521, surgida en el marco de un acuerdo entre el gobierno nacional y los organismos internacionales de crédito (FMI y BM) para el otorgamiento de nuevos préstamos, sancionada en 1995, constituye la concreción de la política educativa del menemismo basada en la inserción del modelo neoliberal más despiadado dentro del ámbito universitario.
Es ni más ni menos que el fundamento jurídico del arancel, de la universidad-empresa, de la educación para los que pueden, para los cada vez menos, alejada de los cada vez más, alejada del pueblo.
Resulta increíble que el repudio que inspiró entre los estudiantes movilizados contra el arancel y el rechazo explícito de la Asamblea Universitaria hacia esta Ley, sean hoy  pisoteados con la indiferencia y el olvido.
De ella nació la CONEAU, Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria, que al igual que otras disposiciones, surge en el marco de un documento elaborado por el Banco Mundial, que actúa hoy como fuente de financiamiento de la Comisión por medio del FOMEC, en el cual “recomendaba” ciertas reformas en la política educativa a nivel mundial. Así jugó al Gran Cacique.
La CONEAU tiene a su cargo la evaluación institucional de todas las universidades y la acreditación de las carreras de posgrado y de grado, entre otras atribuciones conferidas.
La evaluación institucional consta de dos fases: la de autoevaluación y la de evaluación externa.
La primera, a pesar de estar a cargo de la misma institución, puede contar con la intervención de la CONEAU, “si ésta es solicitada”. La segunda, corresponde a la Comisión, la cual designa un Comité de Pares Evaluadores para emprender dicha tarea.
La evaluación externa constituye un proceso oscuro y poco transparente. Se trata de una serie de reuniones que son privativas de determinados sectores (el Rector, algunas autoridades, y otras personas elegidas por el primero) en las cuales los estudiantes no tienen ningún tipo de participación, y sólo tienen acceso, por ser de carácter público, al informe final de la Comisión, junto a la opinión del Rector. Lo que sucede en el medio… es confidencial.
La injerencia de la CONEAU en los planes de estudio es uno de los aspectos más alarmantes del proceso de acreditación. Si los miembros evaluadores consideran que el plan de estudios no se condice con el modelo educativo que impulsa la Comisión (léase el Banco Mundial), éstos no hacen más que enumerar críticas y exigencias no cumplidas para que se impulsen las reformas pertinentes.
Los planes de estudio, al igual que los estatutos, administración y  cargos, son cuestiones que competen únicamente a la Universidad: en esto consiste la autonomía universitaria. La injerencia de un organismo ajeno a la institución es una violación a dicha autonomía, cargo que tranquilamente puede levantarse contra la Comisión de Evaluación. Sin embargo, esta intromisión se resuelve argumentando que la acreditación de carreras por parte de la CONEAU tiene una función meramente “declarativa”. Pero en el fuero de lo real, estas “meras declaraciones” son criterios en función de los cuales el Ministerio de Educación otorga o deniega el reconocimiento oficial de los títulos de determinadas carreras (atribución que se guarda), o dispone la suspensión del reconocimiento del título de los nuevos ingresantes a una carrera, según si el organismo considera o no que han cumplido con los requisitos exigidos. Esto implicaría la invalidez del título en todo el territorio nacional.
Seamos un poco más ilustrativos: si te recibiste de la Facultad de Tanto, como Licenciado en Noséqué, luego de 6 años o más de estudios y gastos, pero la CONEAU , el Banco Mundial  y las empresas financieras consideran que la carrera no se encuentra estructurada de una manera funcional al modelo educativo que pretenden instaurar, y que por ende no sos un profesional útil a sus fines, tu título vale lo mismo que un certificado firmado por tu maestra de primario.
Así, podemos decir que la CONEAU es un mero representante de los organismos de crédito internacionales y grandes empresas privadas, en el ámbito de la Educación Superior, cuya función es la de presionar a las universidades y al Estado con vistas a generar instituciones acordes a los intereses mencionados.
Nos preguntamos, a esta altura cuáles serán los parámetros de evaluación de la CONEAU y cuál el lugar que ocupa el arancel en la búsqueda del “perfil deseado”.El presupuesto destinado a  educación ha ido disminuyendo progresivamente en el marco de un modelo que va reduciendo su alcance hasta el punto de limitarla a un sector social muy reducido. Si bien las presiones sociales han impedido el arancelamiento, se han ido generando las condiciones y los argumentos para justificarlo, llegando incluso a su consagración jurídica por medio de la Ley de Educación Superior.
Queremos una Universidad pública, gratuita, democrática, igualitaria, autónoma, crítica y científica. Nada tiene que ver esta universidad con el perfil deseado por las evaluaciones de la CONEAU, que un poco se parecen a las manos de un psicótico modelando (o deformando) un muñeco de masilla: nuestra educación manipulada por empresas y países en base a un modelo generador de mentes aisladas, cerradas, individualistas, programadas, sumisas; modelo que impulsa la creación y el conocimiento en pos de beneficios particulares; modelo que desacredita las ideas que buscan el cambio, la igualdad, la democracia de la participación; modelo que nos dice “no te metas”, y asegura que  los cambios no los hacen los pueblos sino las urnas; modelo que barre de los programas educativos cualquier contenido social o político, que elimina la realidad de los textos y las causas de las consecuencias; modelo impulsor de la Universidad- empresa, que escupe profesionales capaces de seguir alimentándolo.
No permitamos que la CONEAU conduzca los hilos de nuestra educación; no somos marionetas ni muñecos de masilla; somos personas, somos estudiantes. Hagamos nosotros el verdadero cambio, para que la Universidad sea fuente de transformación, para que allí se gesten valores humanos y sociales, para que esta incluya y no excluya, y para que algún día la educación sea efectivamente un derecho del pueblo y para el pueblo.

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