A lo largo del 2001 se dieron en todo el país intensas luchas que pugnaban por defender la Universidad Publica y Gratuita. Esta era una lucha que se mostraba como una manifestación más del intenso conflicto social que se vivía en ese momento.
En ese contexto, en la Facultad de Derecho, nació una Comisión que como en muchas otras facultades abría un espacio de lucha para mucha gente que sin estar agrupada en partido, organización o agrupación alguna, se interesaba y hacia sus primeras experiencias de compromiso y participación politico-social.
Durante esos meses muchos de los que de en ese ámbito participábamos empezamos a tener inquietudes cada vez mayores que excedían la cuestión educativa especifica. Había sucedido que al buscarle la vuelta al “Déficit 0” y al ajuste constante, nos encontramos con que el problema era mucho mayor que la Universidad. Empezamos a entender cuantos intereses particulares había detrás de las políticas estatales. De cómo la cotidianeidad de nuestras vidas es afectada – cuando no determinada – por unas pocas personas con poder para articular los resortes de la economía y la política.
Finalmente el 2001 se cerro con la crisis social en su manifestación más alta, el 19 y 20 de Diciembre cerraron una etapa de la Historia Argentina – y quizá Latinoamericana – y abrieron las puertas para nuevas formas de participación política que desbordaron cualquier organización o estructura preexistente.
El 2002 llego, para muchos de los que habíamos despertado a ese nuevo mundo de participación, como la oportunidad de desarrollar todos nuestros proyectos y satisfacer nuestras inquietudes.
Fue así que la Comisión que hasta el año anterior nos había aglutinado, ya no abarcaba todas nuestras expectativas, porque si bien creíamos – y creemos – que la lucha universitaria es fundamental y que por las circunstancias de nuestras vidas – ser estudiantes – es en la que más directamente podemos participar, no es esta la batalla que solucionara los problemas del país, premisa fundamental sin la cual es imposible “salvar” a la Universidad o a cualquier otro organismo social.
Comprendimos que la Universidad no es una “Isla” y que es participe y receptora del contexto social en el que existe. Que si los jóvenes no pueden comer o los niños no tienen ni la educación primaria, difícilmente puedan existir “Universitarios” que llenen la Universidad.
Partiendo de ese razonamiento fue que tomamos la decisión de generar una herramienta mucha más amplia y abarcativa que nos permitiese aportar al cambio social que se hace necesario. Así el 23 de Febrero del 2002 nació el Movimiento Independiente Universitario, un proyecto que intenta generar dentro de la Universidad, un espacio de participación, abierto y democrático, donde los estudiantes, docentes, no docentes, graduados y cualquier persona puede analizar críticamente la realidad, pueda discutir y generar actividades concretas que modifiquen – al menos un poco – esa realidad. Donde romper el individualismo sea un postulado básico que nos permita desarrollar lazos de solidaridad con nuestros compañeros, nuestros amigos, con los que padecen hambre, miseria, enfermedad, dolor, o cualquier tipo de opresión.
Un espacio que sea la herramienta útil para canalizar nuestras potencialidades, colectivas e individuales, hacia metas consecuentes con aquella solidaridad desarrollada. Donde sea posible darnos una formación integral mucho mas comprometida con las problemáticas de fondo de nuestra sociedad (cosa que la mayoría de las veces los contenidos académicos ni siquiera mencionan) y que ello nos permita pensar soluciones para un mundo diferente, sin injusticias, sin dolor, sin opresores, ni oprimidos, sin hambre, sin guerras.
Todo esto puede parecer difícil o casi imposible de lograr por gente común, pero todo lo contrario, las personas que formamos el Movimiento Independiente Universitario, somos pibes sencillos, que estudiamos, que laburamos, que estamos con nuestras familias, que nos juntamos a tomar mate, charlamos y nos divertimos como todo el mundo. No venimos de ninguna galaxia lejana, ni salimos de una “comisión de notables” –como esas que aparecen por ahí- somos como cualquiera, solo hemos tomado la decisión, quizá por las circunstancias, quizás por cuestiones personales o quizá por otro motivo, de organizarnos, de participar en conjunto, porque sabemos –porque nos paso- que los esfuerzos individuales pueden ser útiles, pero cuando las individualidades se unen, la potencialidad de los esfuerzos colectivos magnifica exponencialmente los resultados y hace que nuestra incidencia en la realidad sea mayor como así también nuestra capacidad de superarnos y enriquecernos de esas experiencias.
Sabemos que animarse a empezar es difícil, pero es necesario, participar no significa estar comprometido con cada cosa, con cada actividad, sino acercarse a discutir, escribir algo, hacer una critica o lo que sea que a la creatividad se le ocurra. La invitación esta hecha, la decisión es de cada uno.